Hoy (al fin!) he terminado de leerme Lux Perpetua, tercera y última entrada de la trilogía de las Guerras Husitas. Lo cierto es que era un libro al que le tenía ganas desde hacía mucho tiempo, pero cuya traducción se hizo de rogar (cuatro años pasaron entre la segunda y esta tercera entrega), y cuando finalmente salió, parece que sólo estuvo disponible durante un tiempo en una tienda concreta de la que ya había visto suficiente spamm para no querer saber nada de ella. Total, que entre pitos y flautas me tiré varios años esperando al libro, y al final me medio olvidé de él.

No hace mucho leí algo acerca de Sapkowski, su autor, y me acordé de todo esto de nuevo, así que eché un ojo y, efectivamente, el libro ya estaba disponible en muchos más sitios… así que ahí me planté, con el esplendoroso Lux Perpetua bajo mi brazo y una alegría la mar de tonta. El libro se define como histórico-fantástico, que puede sonar algo confuso pero relamente se ubica en un contexto histórico en el que, además, la superstición y lo esotérico estaban a la orden del día; el autor, para enriquecer un poco el relato, hace algo de énfasis en facetas como la brujería o la magia negra, pero en general el relato se mantiene bastante fiel al ritmo histórico a lo largo de la saga, y más en particular en este último libro.

El estilo empleado se ciñe bastante al que ya vimos en la saga de Geralt de Rivia, hasta el punto de que algunos personajes pueden resultarnos demasiado parecidos a otros ya vistos antes en cuanto a expresiones, comportamiento… algunos, incluso llegan a parecer demasiado parecidos entre sí; súmandole a este pequeño problema que el relato transcurre en la zona germánica y abundan nombres polacos, alemanes o húngaros, en ocasiones resulta fácil perderse debido a la gran, gran cantidad de personajes y lugares que se suceden en el libro. Así encontramos nombres como Bezdechovski, Szreniawa, que aunque no resultan problemáticos por sí mismos, cuando han aparecido en una ocasión y después se mencionan en conversaciones entre personajes en una enumeración de sitios relevantes, batallas o personas, dificultan seguir el argumento. Todo esto es un problema que no tiene solución; los nombres son los que son, al fin y al cabo, pero sí que se podría haber incluído un mapa sencillo para al menos ser capaz de situar los emplazamientos principales de la historia… y es que la historia durante este tercer libro transcurre de forma casi excluvisa durante las campañas militares de los ejércitos Husitas, por lo que las referencias a villas, castillos, señores locales, marqueses, herederos de, primos, hijos, autoridades y hasta algún señor que pasaba por allí… son no sólo constantes, sino agobiantes. Además, los personajes acostumbran a introducir fragmentos en latín, que aunque vienen con una traducción al final del libro, o bien te los lees y sacas lo que puedas, o te los saltas o estás todo el rato yendo al final a mirar qué significan, perdiendo el hilo narrativo; en cualquier caso, no ayudan a seguir la lectura.

Aun así la historia transcurre de forma fluída e interesante hasta la mitad (me enganchó rápidamente, admito). Pasados los dos tercios del libro, sin embargo, el argumento comienza a difuminarse; algunos personajes que parecían relevantes vuelven a no ser mencionados nunca más; otros, literalmente desaparecen para siempre como si tal cosa; también se dispersan los protagonistas durante períodos más o menos largos, se suceden los encuentros con viejos conocidos cuyo rol se nos puede antojar difícil de recordar (ya no sólo por los nombres sino por la tardanza de las traducciones entre uno y otro libro), y sobre todo, el hilo narrativo parece que se pierde y se olvida de determinadas cosas; las ramificaciones enriquecen la historia siempre y cuando sean relevantes y coherentes.

Personalmente, considero que no tiene sentido intruducir un personaje, darle un trasfondo completo y detallado y. en definitiva, meterte un ladrillo de información, para que luego simplemente no pinte nada o no aparezca ya más que de revés.

Ya hacia el final, el hilo se pierde completamente; las motivaciones de los personajes desaparecen y se vuelven inconsistentes, encontramos largos y frecuentes saltos de tiempo, y finalmente topamos con el cierre de la trilogía como si se hubiesen quedado sin papel; tras varias páginas de deambular sin sentido ni argumento, sin saber lo que pasa con algunos personajes relevantes y sin tener del todo cláro qué implicaciones hay para los protagonistas.

En definitiva; Narrenturm me gustó bastante, y Los Guerreros de Dios me pareció un gran libro, pero Lux Perpetua me ha parecido un cierre de trilogía decepcionante, y más orientado a ser una obra capaz de satisfacer al escritor que a ser disfrutada por el lector. Y aunque estoy convencido de que se ha hecho como se ha hecho a propósito y no como producto de algún error, no me parecen comprensibles aspectos como por ejemplo, el de no incluir un mapa (en ninguno de los tres libros). La lectura se hace espesa y a veces cargante, y el final sencillamente flaquea. Y digo flaquea por no decir de que decepciona.